miércoles, junio 17, 2009

El déficit público europeo y la burbuja de la deuda pública


Somos egoístas y cortoplacistas por naturaleza - o quizás son las condiciones ambientales-. Analizando las actuaciones ante la crisis de la mayoría de los gobiernos de las economías occidentales, veremos que siguen este patrón: gasto sin precedentes para parchear problemas estructurales y de modelo económico que ningún gobierno quiere afrontar. Dinero que no sirve para gran cosa, ya que ni alivia las penalidades de la gente que ha perdido su empleo y ha agotado la prestación de desempleo, ni alivia la enorme deuda financiera de las familias. Pero un gobierno no puede no hacer nada, aunque sea para evitar una revuelta social derivada de los altísimos índices de paro. La parte positiva de este cambio de ciclo es que nos permite disfrutar de la belleza de las finanzas y de las operaciones matemáticas que la subyacen. Tan simples y tan complejas a la vez. Pensemos en una cuenta de resultados (CR) que es una simple resta de ventas menos todos los gastos imaginables. Aplicado a las finanzas públicas tenemos un incremento espectacular del gasto y un descenso de los ingresos - menor consumo, menor inversión- también importante. Por lo que se está formando un déficit que ronda el 8-10% en el caso español- el límite teórico admisible por la UE es del 3%, pero históricamente muchos países lo han superado y sólo han recibido una "regañina" de Europa-. Este déficit se ha de financiar, y los instrumentos clásicos son las emisiones de deuda pública. Tan sólo en el primer trimestre se ha emitido más deuda pública a nivel mundial que en todo el año 2008. Y la tendencia es creciente. España tiene margen ya que está por debajo del límte del 60% del PIB que impone Bruselas, pero hay países como Bélgica, Holanda e Italia que superan el 100% de su PIB. A nivel agregado tenemos que la mayoría de las economías buscan dinero para financiar estos gastos - recordemos que no servirán para gran cosa ya que no se destinan a cambio estructurales sino a parchear agujeros- por lo que el mercado está saturado de emisiones. Y aquí entra en juego otra belleza matemática: la ley de la oferta y la demanda. Mucho papel para menos dinero, por lo que las emisiones han de "ponerse guapas" para encontrar "novio" y eso significa pagar más intereses. Asimismo tenemos a las agencias de rating - cómplices y actores necesarios de la crisis financiera en la que estamos sumidos y de las que aún esperamos autocrítica - que parece que se ponen serios y están poniendo en duda la solvencia, no ya de empresas sino de estados soberanos. Es el caso de España a principios de año y de los EE.UU este mes- causante de la depreciación última del dólar que lo volemos a tener en torno a los €1,40- por lo que salir al mercado está siendo muy caro.

Todo lo anterior no es más que una huida hacia adelante. Hacer la pelota más grande para futuras generaciones. Curiosamente está actitud a nivel micro y familiar es la que nos ha llevado a esta situación. Nos han hecho sentir ricos y vivir por encima de nuestras posibilidades. La falacia del efecto riqueza. Pues bien, los gobiernos están haciendo lo mismo, hipotecando el futuro por la estabilidad actual. Defiendo la labor de los gobiernos como mecanismo anticíclico para dotar de estabilidad y poner las bases de un crecimiento futuro, pero no el gastar por gastar perpetuando un modelo insostenible al no introducir reformas estructurales a todos los niveles. Además la cuadratura del presupuesto obliga a subir impuestos. Para empezar esta semana han subido los impuestos especiales - los más inelásticos a la demanda- y ya hay globos sondas para tocar el IVA cuando el consumo se recupere. Es momento de tomar decisiones duras e impopulares, con visión de país más allá de las próximas elecciones de turno. Nuestros hijos nos lo agradecerán. Pero parece que es pedir demasiado.